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Para lograr la democratización
de la capacitación y el desarrollo de habilidades de las
personas, es importante que los gobiernos incluyan en su agenda
y desplieguen una política tecnológica a fin de permitir,
mediante la reducción de la brecha digital, el acceso de
más individuos y comunidades a la economía del conocimiento,
lo que posibilitará mejorar su calidad de vida.
La
manera de brindar nuevas habilidades y competencias a través
de un revolucionario medio interactivo, no sólo hace de él
una nueva manera de llevar a la gente la educación -con su
consecuente democratización- sino que además, y más
importante aún, conlleva intrínsecamente un mensaje
que reduce la brecha digital, ayuda a controlarla y mejora los niveles
de competitividad de nuestros pueblos. Parafraseando al filósofo
francés Michel Serres, el gran cambio estará dado
porque, a diferencia del pasado, en lugar de que la gente vaya a
la educación, la educación irá a la gente:
esta es la verdadera revolución.
No podemos construir conocimiento
sostenido si la educación no se contextualiza en torno a
la problemática local, y a través de la construcción
de comunidades de aprendizaje, que sean adoptadas por los integrantes
que conforman dichas comunidades.
En definitiva, la clave está
dada por que los contenidos intersecten con el mundo vital de los
ciudadanos. El conocimiento debe girar en función de las
necesidades regionales, y no la gente alrededor del conocimiento
no contextualizado a su problemática e irrelevante.
El Estado de cada una de las
naciones debe desempeñar un rol dinamizador, catalizador
y facilitador en las relaciones entre el sector público y
privado y las universidades.
Si el sector público
compite con la industria privada argentina en vez de potenciarla,
si las universidades no desarrollan su área de I+D y arman
consorcios transparentes con las empresas y se apoyan en forma orgánica
mutuamente, si cada uno no hace lo que tiene que hacer, bien realizado,
tendremos un Estado deficiente y empresas menos competitivas con
un impacto altamente negativo para la promoción de estrategias
de la Tecnología de la Información y las Comunicaciones.
Junto con todos los sectores,
deben establecerse y consensuarse las políticas de corto,
mediano y largo plazo, que permitan crear las condiciones necesarias
para el desarrollo, evolución y promoción de las tecnologías
de la información.
Siendo el e-learning un medio
y no un fin, no podemos descuidar que su objetivo primordial es
construir conocimiento sostenido. Dejar este activo en manos de
algunos países y factores de poder externos a los ciudadanos
involucrados en forma directa, reduce a los alumnos al papel pasivo
de usuarios, negándoles el acceso a las habilidades creativas
e innovadoras. Renunciar a tales posibilidades sólo ampliará
la brecha digital, lo que redundará en una posición
de competitividad altamente perjudicial para las naciones hispanoamericanas.
Aunque las citadas políticas
deben estar orientadas a la globalización del conocimiento
y el acceso a él, no debe perderse el foco de que este conocimiento
tiene que ser singular. Es decir, las políticas deben surgir
a partir de las culturas locales y regionales, con el fin de fortalecerlas
y permitir su crecimiento acompasado con el de sus semejantes en
distintas partes del mundo.
Obrando de este modo, crearemos
comunidades en las que podremos compartir experiencias, proyectos
e iniciativas. Sin duda, esta será la manera sustentable
de crear valor social, económico y político.
Para garantizar el éxito
de estas iniciativas, no olvidemos que los pilares fundamentales
para su consolidación son:
-
la infraestructura tecnológica adecuada, esto es la conectividad,
el acceso al equipamiento tecnológico, insumos, etc.
- el desarrollo de contenidos
y servicios de contenidos y software relevantes, en función
de las comunidades de uso y las competencias a desarrollar
- la capacitación
y formación de los individuos que tienen la responsabilidad
de formar a estas comunidades (estrategias de concientización
y sensibilización) en el uso de las nuevas tecnologías.
Si estos pilares se desarrollan,
será finalmente posible el surgimiento de emprendimientos
sociales, económicos, políticos que se realimenten
permanentemente creando las condiciones para el mejor empleo, la
calidad de vida, la educación continua, y el desarrollo de
economías regionales con perspectiva global.
Es imprescindible no abandonar
la inversión y el desarrollo de proyectos de I+D, tanto en
el sector público como el privado en forma coordinada, retroalimentándose
en forma sostenida y creando un círculo virtuoso que permitirá
la creación de emprendimientos, a escala, consolidando modelos
replicables (leading cases), que una vez implantados y evaluados
puedan, con un alto grado de certidumbre, ser transferidos en escenarios
mayores.
Como bien dice la sentencia,
las personas no deben ser un recurso del Estado, sino que el Estado
debe ser un recurso de las personas que permita generar un ambiente
para crear riqueza cultural y económica para mejorar nuestra
calidad de vida.
Las agencias internacionales
de crédito deben apoyar e impulsar este tipo de iniciativas
buscando respaldar los proyectos locales e integrarlos a contextos
internacionales.
La consecución
de estos objetivos redundará en la reducción de la
brecha digital, y permitirá que más individuos y comunidades
sean más competitivos y accedan a la economía del
conocimiento, ergo a mejorar su calidad de vida.
Pablo
Aristizabal
(Presidente de Competir)

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